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Sí, es posible
educar a los niños para que detecten
cuando están sufriendo abusos. Por
eso, la Asociación para la Sanación y
Prevención del abuso Sexual Infantil (Aspasi)
recomienda empezar a enseñar a los niños,
desde los tres años, "desde que hablan", a
reconocer lo que les gusta y lo que les
molesta, que partes del cuerpo son suyas
"con cosas sencillas, como cosquillas, y
juegos" explica la psicóloga Margarita
García Marqués.
"Tenemos que
ayudarles a que se respeten para que si
alguien no lo hace, ellos puedan contarlo",
resume García. Y es que la forma más
eficaz de prevenir el
maltrato sexual de los niños es mantener una
buena comunicación con los
hijos. "Los miedos y las resistencias, el
rechazo y el ocultamiento" sólo consiguen un
aislamiento aún mayor de los niños, a
quienes se les deja a menudo solos ante el
problema de los abusos, explica la
psicóloga.
Cuanto antes se
detecte y comience a curar un abuso mejor
Según la experta "la negación del problema y
la creencia de que es algo que
le puede suceder a otros niños, pero
nunca a los nuestros,
conduce entre otras cosas a bajar la guardia
y descuidar uno de los pilares de la lucha
contra el abuso sexual: la prevención
familiar".
"Cuanto antes se
detecte y comience a curar un abuso mucho
mejor, porque así las
secuelas para el niño podrán reducirse
al mínimo, y si el problema puede atajarse
antes de que suceda todavía mucho mejor,
porque le ahorraremos una experiencia
traumática y saldrá de los posibles intentos
de abuso fortalecido y más seguro de sí
mismo", agrega.
Para ayudar a los
padres a lograrlo, Aspasi ha elaborado con
motivo del Día Mundial para
la Prevención del Abuso contra los Niños
(19-N), un decálogo con algunas de las
principales recomendaciones de los expertos,
avaladas por la experiencia terapéutica y
los estudios científicos, para ayudar a que
los hijos tomen consciencia del riesgo y
sepan afrontar los intentos de abuso y
protegerse de los abusadores. Estos diez
consejos también pueden tener, dicen, como
complemento literatura como 'Ni un besito a
la fuerza', 'Ni una caricia a la fuerza' o
'Mi cuerpo me pertenece a mí'.
Prevención de
los abusos
- Procure
hablar cada día con sus hijos y tómese
el tiempo necesario para escucharlos y
observarlos. Entérese de los pormenores
de sus actividades y
sentimientos. Anímelos
a que compartan con usted las
preocupaciones, dudas y problemas que
tengan.
-
-
Explíqueles que sus
cuerpos sólo les pertenecen a ellos
y que tienen derecho a
poner límites y decirle NO a cualquier
persona que pudiera intentar tocárselos
o intentar que los pequeños toquen el
cuerpo de esa persona u otras.
-
- Dígales
que hay adultos que podrían intentar
lastimarle u obligarle a hacerles cosas
molestas o que ellos no desean hacer,
aunque para ganarse su confianza,
seducirlos y convencerlos, pueden
mostrarse suaves y lentos. El adulto que
hace esto podría decirles que "lo que
pasa entre nosotros dos,
es un secreto y no
tienes que contárselo a nadie".
-
-
Explíqueles que el adulto también puede
amenazarles y decirles que les hará daño
o matará a sus padres, si llegan a
contar el secreto. Déjele bien aclarado
que ese adulto está
haciendo algo malo.
- Alérteles
de que el adulto podría ser una persona
conocida, una persona
amada o de confianza, o
posiblemente alguna persona con cierta
autoridad. Por ejemplo: la niñera, un
profesor, un religioso, un entrenador.
-
-
Explíqueles que la persona adulta
también puede ser de la familia (un
abuelo, padre, primo, hermano o tío) y
acláreles que un familiar,
por mucho que le queramos y
conozcamos, también puede equivocarse
y hacer cosas que no están bien.
-
- Procure
avisarles sin asustarlos.
Subraye que la mayoría de los adultos se
dedican a proteger a los niños de
cualquier daño y que nunca serían
capaces de hacer estas cosas, pero que
también existen otros que podrían
molestarlos. Tampoco se trata de evitar
los “mimitos” que les dan otras
personas, porque la gente en general es
buena; sólo hay que aprender a decir
"no" a lo que no nos gusta que nos
hagan.
-
- Haga que
los niños sepan que si alguna persona
les hace alguna cosa rara, como por
ejemplo, manosearlos,
tomarle fotografías desnudos u ofrecerle
regalos, usted lo
quiere saber. Tranquilícelos y
explíqueles que ellos no son culpables
de lo que haga un adulto.
-
- Exprese a
sus hijos el amor que siente hacia
ellos, y dígales que
ocurra lo que ocurra, siempre podrán
contar con usted y
estará a su lado, porque los quiere
mucho y son lo más importante para
usted. Haga que sepan y sientan que los
apoya. Alabe su franqueza. Los niños
tienden a sentirse culpables del abuso;
quítele ese peso de encima.
-
- Enséñele
la diferencia entre los “secretos
buenos” (un regalo de cumpleaños para
papá), los "secretos
malos" (al callarlos te
hacen sentir mal), los regalos (te dan
algo sin pedir nada a cambio), los
"tratos" (intercambio en igualdad de
condiciones, puedes elegir) y el
"chantaje" (no hay opción, elijas lo que
elijas pierdes). Algunos adultos usan
con frecuencia los regalos para después
hacer chantaje al niño.
- Lo denuncia la
asociación Aspasi, que insiste en que el
80% de los abusos infantiles se
silencia, y la mayoría tiene luegar en
el entorno familiar.
- La asociación
realizará una campaña de información
para que el problema deje de ser
invisible y se afronte correctamente.
20MINUTOS.ES.
19.11.2011
Una de cada cuatro
niñas y uno de cada siete niños sufre abusos
sexuales en España
Una de cada
cuatro niñas y uno de cada
siete niños menores de diecisiete años sufre
abusos sexuales en España,
la mayor parte de ellos en
el entorno familiar.
Así lo ha
denunciado este viernes la Asociación para
la Sanación y la Prevención de Abusos
Sexuales en la Infancia (Aspasi), que ha
celebrado una concentración en la Puerta del
Sol bajo el lema 'Rompe el
silencio'.
La presidenta de
Aspasi, Margarita García Marqués, ha
relatado, que las cifras de abusos sexuales
a menores pueden ser superiores a lo que se
cree, no solo porque en la mayor parte de
los casos no se denuncian, sino también
porque los propios afectados
llegan a ocultarlos en su
subconsciente.
García Marques ha
explicado que llevarán a cabo una
campaña de información para
que esta problemática deje
de ser "invisible" en la
sociedad, ya que hasta el
80% de los de abusos
infantiles se silencia,
sobre todo por estar implicados en ellos los
allegados. Muchos agresores son personas con
una vida normal.
La experta ha dicho
que muchos de los agresores son personas
integradas en la sociedad y
con una vida normal, de las que no se
sospecha que puedan padecer
una patología sexual grave.
Aspasi realizará a
lo largo de todo el año conferencias en
diferentes universidades, charlas a padres y
profesores en los colegios y también se
ofrecerá información a
pediatras y médicos de
atención primaria en diversos centros de
salud.
Abusos sexuales a menores: cuando el
monstruo vive en casa
·
El 19% de la
población española adulta ha sufrido abusos
sexuales en algún momento de su infancia.
·
El 85% se producen en
el ámbito familiar y el 90% los cometen
hombres.
·
Psicólogos y víctimas
denuncian las consecuencias a corto y largo
plazo de estos comportamientos y la
importancia de prevenirlos.
Es un día
cualquiera y Laura se prepara para su baño.
Puede que fuera, en el salón, esté su madre,
modista de profesión. O puede que no. Laura
no lo sabe bien porque solo tiene
tres años y su padre, abogado de
éxito y un héroe para ella, la apremia para
que se meta en la bañera. “Hay que lavarte y
dejarte limpita”, le dice, y ella obedece
sin rechistar. Ya en el agua, sobre la
espuma, varios muñecos de goma flotan de
aquí para allá. “¿Quieres que juguemos a lo
de siempre?”, pregunta su padre. Ella ya
sabe lo que viene después.
Laura (nombre
falso) tiene hoy 30 años y es una víctima de
abusos sexuales en el ámbito
familiar. Aunque era muy pequeña,
recuerda con nitidez algunos de los
episodios, pero no sabe con exactitud cuánto
duraron. “Unos meses, creo. Supongo que tuvo
miedo de que yo dijera algo comprometedor,
aunque prefiero pensar que se dio cuenta de
que lo que hacía estaba mal”.
Yo era su princesa, pero no podíamos
contarle nuestro juego a mamá porque ella se
enfadaría Nunca la
forzó, ni le hizo daño, ni la amenazó. “Me
decía que era un juego... Yo era su
princesa, pero no podíamos contarle nada a
mamá porque se enfadaría”. Ella nunca lo
supo. Los abusos siempre consistían en
tocamientos, besos, caricias...
jamás hubo penetración. Y siempre era el
mismo ritual. “Llegó un momento en que yo
sabía lo que quería, lo que propondría, y me
adelantaba convencida de que era la única
forma de no decepcionarlo, de que no dejara
de quererme".
Y así fue como
Laura pasó a formar parte de una estadística
tan invisible como siniestra: en España,
el 19% de la población adulta admite haber
sufrido abusos sexuales en algún
momento de su infancia. En los varones este
porcentaje es del 15,2%, y en las mujeres,
del 22,5%. Así se desprende del único
estudio a nivel nacional realizado hasta el
momento, el que elaboró en 1994 el doctor
Félix López, de la Universidad de Salamanca,
por encargo del entonces Ministerio de
Asuntos Sociales.
El estudio
publicado por Pereda y Forns (2007) con una
muestra general de 1.033 estudiantes de la
Universidad de Barcelona refleja abusos en
el 15,5% de los varones y el 19% de las
mujeres encuestadas. El Consejo de Europa,
por su parte, publicó en noviembre pasado
que
el 20% de los
niños europeos lo sufren.
Pero eso no es lo peor. El 85% de los casos
se producen dentro del ámbito intrafamiliar
(padres, abuelos, hermanos, tíos, etc.), y
uno de cada cuatro es una penetración
vaginal, anal o bucal. Sin embargo, la
mayoría de las víctimas guardan silencio.
Cuando el monstruo vive en casa
Laura calló durante
años, segura de que lo había superado y de
que su vida era normal. Su padre siguió
siendo su padre, un hombre bueno a los ojos
de todos, que se preocupaba de ella y de sus
dos hermanas pequeñas, que trabajaba para
clientes famosos y adinerados, un hombre
culto... Incluso llegó a pensar que lo había
imaginado. Nunca relacionó los abusos con su
baja autoestima, sus episodios de
bulimia, su inseguridad enfermiza, su
tristeza, sus excesos.
Así siguió,
engañada, hasta que un día vio por
casualidad una película sobre el tema que
dinamitó en mil pedazos su coraza de
secretos y mentiras. Recordó el
asco, la culpa, la vergüenza,
aquella sensación de suciedad que nunca se
le iba del cuerpo. Pero, ¿cómo odiar a
alguien a quien llevas 30 años queriendo?
"La contradicción te come por dentro. Quiero
pensar que aquella persona murió y que el de
después es otro", afirma Laura. “Su
obligación era cuidarme, protegerme. ¿Cómo
pudo hacerme algo así?”.
Los síntomás más habituales en niños suelen
ser tristeza, aislamiento, baja autoestima,
conductas sexualidazas, pesadillas...
"Cuando el abusador es el padre es
especialmente difícil y doloroso", explica
Vicki Bernadet, creadora de la
fundación que lleva su nombre,
especializada en el asesoramiento y la
prevención de los abusos sexuales a menores.
"El miedo a romper la familia
y a perder todo lo que uno tiene es
demasiado grande", añade. Ella lo sabe bien
porque también fue víctima de abusos por
alguien de su entorno. "Se produce una
rotura de confianza y un abuso de poder...
luego vienen el chantaje emocional, la
coerción, el engaño y la manipulación".
"El adulto va
generando culpa en el niño. Lo hace
partícipe, le hace creer que si cuenta algo
perderá todo, juegan con que el niño
les quiere", afirma Margarita
García, psicóloga y presidenta de la
Asociación para la Prevención y Sanación de
Abusos Sexuales en la Infancia (Aspasi).
Según esta asociación, más del 90% de los
abusos son cometidos por hombres.
Abuso de poder
Joan Montane,
hoy escritor de 48 años, tenía unos siete
cuando su padre empezó a abusar de él. La
suya era una familia de clase media,
con dos hermanos y madre ama de casa.
"Empezó como un juego. Nunca me amenazó ni
usó violencia física, pero tampoco la
necesitaba. Si lo hace tu padre está bien
por decreto, no es discutible... Tiene
acceso total y absoluto, el niño no
tiene ninguna posibilidad", añade.
Y así continuó hasta los 14 o 15 años. "Te
das cuenta de que es un secreto y sientes
vergüenza, miedo y culpa... pero es la vida
que te ha tocado, como niño no te planteas
si es injusto o no, vives con ello".
Tampoco Charo (en
la foto a la derecha), la pequeña de ocho
hermanos, se lo planteaba. Su padre abusó de
ella desde que tiene memoria, y aunque ella
solo recuerda tocamientos leves, a los 7
años tuvieron que llevarla al
hospital por un sangrado anal.
"Casi siempre sucedía los sábados",
recuerda. "Me decía cosas como 'ven, métete
en la cama, que hace frío'... o 'vamos, que
te voy a enseñar al leer el periódico'. "Yo
era su tesoro... No era el señor de la
gabardina, sino mi padre. El monstruo vivía
conmigo".
Su infancia pasó
entre pesadillas, accesos de llanto, fobia a
las puertas abiertas y vómitos matinales.
"Me daba mucho asco. Tenía heridas en la
vagina y me sentía sola, sucia,
abandonada", explica. Años después,
tras la separación de sus padres, empezó a
ser violada por uno de sus hermanos. "Cuando
crecí me junté con los peores. Iba con
ladrones, consumía drogas, no estudiaba
nada... Tenía una conducta muy destructiva".
El secreto y sus consecuencias
Lo habitual es que
las víctimas sigan con su vida y dejen su
secreto aparcado, sin ser conscientes de las
consecuencias y sin que nadie a su alrededor
se plantee que sus conductas se deban a que
estén siendo o hayan sido abusados por
aquellos que debían protegerlos. En niños,
los síntomas más habituales
suelen ser tristeza, aislamiento, baja
autoestima, agresividad, masturbación
compulsiva, vocabulario inapropiado,
conductas sexualidazas, pesadillas, terrores
nocturnos, fobias, ansiedad...
A medida que
crecen, pueden surgir problemas de
orientación sexual al llegar a la
adolescencia, y ya de adultos, es
característico el uso del cuerpo y la
sexualidad como método de acercamiento a los
demás, lo que favorece la promiscuidad y, en
los casos más graves, la prostitución.
Suelen tener dificultades para poner límites
y, por lo general, depresiones, trastornos
alimenticios, problemas de relaciones
sociales y de adicciones. En el caso de las
mujeres, muchas se convierten en
maltratadas. Otros acaban suicidándose.
Como niño no te planteas si es injusto
o no, vives con ello "La
gravedad no es solo el abuso, sino el
secreto guardado durante muchos años. Hace
que sea un cáncer por dentro
que va comiendo a la persona... Crea muchas
limitaciones, es como caminar por la vida
con muletas, y cada uno hace lo que puede
por sobrevivir", afirma Margarita García,
presidenta de
Aspasi.
"Mi vida nunca ha
sido normal, pero eso lo veo ahora, cuando
ya he roto el silencio y me
he enfrentado a las consecuencias", cuenta
Joan. Durante mucho tiempo vivió atormentado
por la culpa, se sintió anulado, que no
valía para nada y tuvo problemas con el
juego. Eso condicionó sus relaciones. "Si no
te valoras, es lo que vendes, lo que
transmites, no te puedes relacionar de igual
a igual de modo gratificante".
Él nunca había
asociado sus problemas a los abusos y "tenía
clarísimo" que se llevaría el secreto "a la
tumba". Pero un día, en un momento de crisis
matrimonial, se lo contó a su mujer. Ella
llamó a sus suegros y el pastel se
descubrió. La madre y hermanos de
Joan le creyeron, pero ni la primera se
separó de su padre ni los segundos dejaron
de verlo. "Fue una guerra importante", dice
haciendo memoria. "¿Ahora te acuerdas de
eso?", fue la respuesta de su progenitor. En
los siete años que pasaron antes de su
muerte nunca se vieron.
La importancia de hablar
En el caso de Charo
tampoco se produjo un terremoto familiar.
Tenía 19 años cuando le contó a su madre los
abusos paternos y esta se limitó a decir que
ella nunca vio nada malo. Cuando se le
pregunta por qué no habló antes, responde:
"Pensé que me iban a echar la culpa
a mí. Sabía que aquello no estaba
bien, pero piensas que ha sucedido porque tú
lo has permitido".
"Es
una lacra social; ocurre en todo tipo de
familias, pero somos invisibles. La gente
tiene que saber que existimos y que
sufrimos", sentencia Vicki (. "El problema
es que la gente no lo toma como problema.
Hay cursos y charlas sobre drogas, anorexia,
ludopatía... pero no sobre esto. Nadie
piensa que vaya a pasar en su familia, no
hay conciencia social".
"La perversión del
abuso es que, la mayoría de las veces, por
ignorancia del entorno, no se detecta, el
niño se calla y 15 años después ya es tarde
y tu mochila está llena de errores", añade.
"Si se coge a tiempo, las posibilidades de
desarrollo normal del niño son del 90%; pero
sin prevención no tienen una
oportunidad. Sin concienciación,
los adultos no pueden detectar algo que no
tienen presente que pueda pasar".
Ella, tras abrir la
caja de los truenos, buscó ayuda, pero no
encontró nada. Por eso creó la fundación que
hoy lleva su nombre (antes era la
Asociacón FADA). Fue allí donde
Joan halló el apoyo necesario, una vez
desvelado el secreto, y pudo dar un giro a
su vida. Ahora también él ha hecho de esto
su lucha personal. Igual que Charo, que hoy,
a sus 39 años, es terapeuta e intenta ayudar
a otras personas. Igual que Margarita.
Para superarlo lo primero es reconocer
que ha pasado y que tú no tienes la culpa
"Para superarlo lo primero es reconocer que
ha pasado y que tú no tienes la culpa. El
niño nunca es responsable", afirma
Margarita, al tiempo que señala la
importancia de hacer terapia y buscar ayuda.
"Si se trata en el momento, las secuelas son
mínimas o nulas. Se tiene
que contar, pero no para buscar culpables,
sino para hallar soluciones".
Lo principal,
coinciden todos, es recuperar tu
vida. Por eso, en el camino hacia
la superación, cada uno elige cómo seguir
adelante. Joan rompió definitivamente con su
padre; Laura, que nunca dijo nada al resto
de su familia, se conformó con que el suyo
le pidiera perdón; Charo se plantó en
Bruselas tras años sin contacto para decirle
que se acordaba de todo; Vicki vive dedicada
a su fundación. Pero todos buscaron ayuda.
Todos rompieron el silencio.
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